El pasado
lunes, el discutido Instituto Nacional de Estadísticas
y Censos (INDEC), anunciaba que el Índice de Precios
al Consumidor durante el mes de Julio había experimentado
una variación de tan solo el 0,4% en relación
al mes anterior y de 9,1% con respecto a igual mes del año
2007. Sin embargo, la mayoría de los analistas privados
coinciden que los precios internos en nuestro país crecen
alrededor del 2% mensual (prácticamente el 25% anual),
cifra por demás significativa si consideramos los efectos
adversos que entraña para la economía en su conjunto.
El problema de la inflación no es exclusivo de Argentina,
la economía mundial está sufriendo en mayor o
menor medida los avatares del alza de precios. En Estados Unidos,
el índice de precios de consumo pasó de un 0,8%
entre los meses de junio a julio, debido principalmente al fuerte
aumento del precio de la energía y los alimentos alcanzando
una inflación interanual de 2,5%.
En Latinoamérica el
panorama no difiere demasiado. El gobierno venezolano se vio
obligado a elevar los precios máximos de venta al público
de productos básicos como la carne, el pan, las pastas
y el aceite de maíz, en medio de un contexto inflacionario
que se agiganta en el transcurso de los meses (la inflación
acumulada a julio alcanzó el 17,3%).
En Chile las perspectivas
de inflación para final de año se incrementaron
hasta el 7,5% interanual según datos del Banco Central
de aquel país. El IPC de Brasil subió en mayo
un 5,6% interanual; en Perú la inflación se sitúa
en un 5,4% interanual por octavo mes consecutivo; en Colombia,
alcanzó un 7,2% interanual y en Panamá la inflación
en junio llegó al 9,6% interanual.
A nivel internacional se considera
que los principales responsables de esta aceleración
inflacionaria están estrechamente vinculados a la suba
de los precios internacionales del petróleo y alimentos.
Por ejemplo, el petróleo se ha incrementado un 90% respecto
del año pasado, alcanzado un valor récord por
encima de los 147 dólares el barril en el transcurso
del mes de julio; mientras que el precio del maíz, prácticamente
se ha duplicado en el término de un año.
En sintonía con esta
situación, el director general del Fondo Monetario Internacional
(FMI), Dominique Strauss-Kahn, advirtió hace un mes en
marco de la Cumbre del G-8, que la inflación en algunos
países emergentes de América Latina se estaba
descontrolando de una manera peligrosa y que si bien el crecimiento
de la economía es una cuestión importante, la
inflación es probablemente hoy la mayor amenaza para
la economía mundial.
La inflación afecta en forma negativa, principalmente
a los ciudadanos de menor poder adquisitivo, porque son justamente
los productos básicos de la canasta los que reflejan
los principales incrementos.
El gobierno argentino, a intentado reiterados y fallidos intentos
para controlar la inflación que implicaron entre otros:
subsidios cruzados hacia diferentes sectores de la cadena alimentaria,
retenciones móviles, prohibición o reducción
literal en los cupos de exportaciones (carne por ejemplo), congelamiento
en precios de la tarifas de servicios públicos.
La historia reciente nos indica la magnitud del riesgo que significa
convivir con una tasa de inflación en alza para el corto
y mediano plazo.
Los formulados de política económica debieran
tomar nota e instrumentar medidas que partiendo del reconocimiento
real del problema se focalicen en atacar sus raíces más
profundas. El inconveniente es que adoptar cierto tipo de medidas
puede implicar desacelerar el ritmo del crecimiento económico
y ajustar en forma severa el nivel del gasto público;
acciones todas resistidas por la mayoría de los gobiernos
y el nuestro no es una excepción.
Es momento de que la Argentina comience a pensar de forma madura
en solucionar sus problemas estructurales, aprendiendo del pasado
para no repetir errores en el futuro.
(*) Licenciado en Economía.
Docente de la Universidad Nacional de La Rioja
Amplíe esta información en el programa Economía
al Día, hoy a las 11, 19 y 22 horas, por Radio Universidad,
FM 90.9 Mhz.
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